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lunes, 5 de diciembre de 2011

LA GUARDIA NACIONAL

Cuando se produjo la ocupación norteamericana sobre la República Dominicana, entre 1916 a 1924, los norteamericanos iniciaron un proceso de "pacificación" -más bien sometimiento- a nivel nacional.De hecho, fueron ellos quienes disolvieron el ejército dominicano, el cual, tan sólo constituía un simple cuerpo armado con muy poca instrucción militar usado básicamente con fines represivos, y para preservar los intereses de los inversionistas extranjeros, de la élite criolla gobernante, era una fuerza carente de disciplina, y muy fragmentada, de tal suerte que contaba con una estructura horizontal integrada por unos 461 generales y 479 coroneles. Su organización se basaba en la existencia de dos batallones: el Ozama, con sede en la fortaleza La Fuerza de Santo Domingo, y el Yaque, que estaba acantonado en la fortaleza de Santiago, y tenía además varias Comandancias.

De de manera formal y aparente la medida para disolver el ejercito la adoptó el presidente provisional don Francisco Henríquez y Carvajal por medio del decreto Núm. 5491, dado en Santo Domingo en 13 de septiembre de 1916; alegándose la carencia de fondos para su sostén y financiamiento. Todos los militares puestos en retiro recibieron una compensación en forma de "vales".

Sin embargo, la causa real de esta medida se explica porque los norteamericanos aplicaron la proposición de Stein: poner en retiro a los soldados del régimen anterior, especialmente a los oficiales. Sin embargo, fueron mantenidas provisionalmente la Guardia Republicana -encargada de la custodia de los puertos-, y la Policía Municipal que ejercía funciones de gendarmería en la ciudad.Los militares norteamericanos también desarmaron toda la población porque sencillamente se debe siempre desarmar al adversario vencido, que "es el deber primordial de todo vencedor, sino quiere que la guerra vuelva a estallar en el momento menos pensado"[1]; además, los marines tomaron el control de los principales puertos y ciudades, y silenciaron la prensa dominicana imponiendo un fuerte estado de censura a los medios de comunicación de aquel entonces, principalmente a las revistas y periódicos.

La ocupación militar de los Estados Unidos, y las inversiones de capital norteamericano, provocaron una significativa transmutación en la infraestructura económica del país; y, entre otras cuestiones, lograron consolidar la agroindustria azucarera, por ejemplo, en 1915 se producían 102,801 toneladas de azúcar, y en 1916 la producción era de 301,106 toneladas; los norteamericanos lograron también desplazar el poder económico de la oligarquía tradicional.El Estado Dominicano intervenido por fuerzas extranjeras fue fortalecido por medio de la imposición de una nueva legislación; fue organizada una fuerza militar: la Guardia Nacional Dominicana, creada por medio de la Orden Ejecutiva Número 47, del 7 de abril de 1917, además, se organizaron las instituciones públicas: Rentas Internas (1918), Dirección General de Correos y Comunicaciones, los servicios de Salud Pública y Beneficencia, y se organiza un sistema nacional de Catastro, Registro de tierras, y los tribunales de tierras; y, un sistema nacional de educación.

Trujillo y la Guardia Nacional

Para enfrentar la resistencia nacionalista de algunos movimientos rurales al estilo guerrillero que se manifestaban desde 1916 en varias zonas de la geografía nacional dominicana: en el Norte de Santo Domingo, los "600 Gavilleros" de la región Sureste u oriental, que operaban en los llanos y cordilleras; los partidarios de Olivorio Mateo, el dios Liborio en San Juan de La Maguana; las actividades insurgentes del Norte de Baní; la resistencia campesina de las montañas de Neiba; y los insurrectos en la zona de Yamasá, que preocupaban seriamente a los interventores, fue creada por el Almirante H. S. Knapp mediante la Orden Ejecutiva Número 47 del 7 de abril de 1917, la Guardia Nacional Dominicana (G.N.D.), con una inversión inicial de US$500,000.00, constituyendo un cuerpo de cipayos, la cual contaba en el momento de su fundación con 21 oficiales de Estados Unidos -algunos puertorriqueños-, 17 dominicanos y 691 alistados -la mayor parte de estos eran sujetos de mala reputación: pillos, ladrones y asesinos-, para un gran total de 729 efectivos.

El comando de la Guardia Dominicana los ejercían un Capitán norteamericano, y los demás eran sargentos y cabos de los U.S. Marine Corps, con rangos superiores en la nueva entidad paramilitar que dirigían. En 1917 el instructor de la Guardia Nacional Dominicana fue Robert C. Kilmartin Jr.

Otras "Guardias" similares a la nuestra fueron organizadas por los Estados Unidos en América Latina. En la República de Haití, invadida en 1915, La Garde funciona desde 1915 a 1934; en Nicaragua, ocupada de 1927 a 1932, La Guardia se crea en 1932.

La solicitud de ingreso de Trujillo Molina a la Guardia Nacional se produce en diciembre de 1918, contando el joven Guardacampestre con 27 años de edad, solicitando su aceptación en ese cuerpo militar por medio de una carta de solicitud dirigida al coronel C. F. Williams, su Comandante en Jefe, y depurada por el mayor James J. MacLean, amigo del tío protector de Trujillo don Teodulo Pina Chevalier (es el padre del distinguido jurista dominicano Pina Acevedo), lo cual explica la inmediata aceptación de Trujillo al cuerpo militar.

MacLean casó con una criolla nativa de San Juan de la Maguana, y vivió en la República Dominicana desde 1907 hasta que murió asesinado mientras se desempeñaba como administrador encargado de una finca de sisal en el pueblo de Enriquillo en 1925, posiblemente Trujillo fraguó su muerte porque conocía muchos secretos del dictador, y su asesino declaró en la justicia que había recibido US$300.00 por darle muerte al norteamericano. MacLean era intimo amigo de Teodulo Pina Chevalier y ambos fueron co-autores del libro: "Datos históricos sobre la frontera dominico-haitiana".

Rafael Leónidas en su carta de solicitud -acompañada de una carta de recomendación del Administrador del Ingenio Boca Chica- afirmaba: "...con perdón de la modestia, debo significarle que no poseo vicios de tomar bebidas alcohólicas ni de fumar y que no he sido sometido a tribunales ni siquiera por asuntos de simple policía". y agregaba que en su pueblo natal "pertenezco a la primera sociedad",[2] y sencillamente ambas afirmaciones eran falsas, porque tanto Rafael Leónidas como algunos de sus hermanos se habían visto envueltos en prácticas de abigeato (cuatreros), y el dictador llegó a formar parte de una pandilla, "La 44", dedicándose a realizar asaltos a bodegas y almacenes urbanos y rurales en 1916, siendo incluso sometido a la justicia por falsificación en 1918, y condenado a seis meses de reclusión, logrando su liberación antes de cumplir su condena.

Incluso, se sabe que la madre de Trujillo, doña Julia Molina escribió al gobernador militar Samuel M. Robinson, Admiral Real U.S. Marine Corps, en 12 de agosto de 1921, pidiendo la liberación de su hijo Romeo Arismendi (a) Petan, preso en la cárcel pública de San Francisco de Macorís, para ese momento, por más de un año.Según Ernest Gruening -informado por Ángel Morales y citado por Vega-, Trujillo,"en su primera juventud Trujillo se vio enredado con el código penal en más de una ocasión. Fue declarado culpable y condenado por hurto y sentenciado a pasar de un tiempo en la cárcel. Fue condenado y pasó otro tiempo en la cárcel por falsificación. Fue perseguido por aun otros delitos pero logró eludir el castigo".[3]Posiblemente el incendio del edificio que alojaba la Suprema Corte de Justicia de Santo Domingo y sus expedientes judiciales en 1927 fue obra de sus secuaces para "limpiar" la imagen pública del futuro dictador.

Trujillo fungió desde el 11 de enero de 1919 como segundo teniente de la Guardia Nacional, participando activamente en la persecución de los guerrilleros nacionalistas -calificados como "Gavilleros" por los norteamericanos- en la región Este. Junto con Trujillo fueron segundos tenientes los señores José Alfonseca, César Lora, y Adriano Valdez. Sobre los sueldos en la Guardia Dominicana eran como sigue: un mayor ganaba US$ 298; un teniente US$ 125; y un raso ganaba: US$ 15.

Destacado en El Seibo hacía marzo de 1919, participa en la tarea de persecución de los guerrilleros en la zona de San José de Los Llanos de San Pedro de Macorís, en donde se verificó hacía el mes de abril de 1919 un proceso de reconcentración y de bombardeo aéreo contra la guerrilla.

La táctica de las concentraciones

Este tipo de táctica de concentraciones se implementó en la República Dominicana a partir del mes de agosto de 1918, inspirada en las prácticas de Valeriano Wayler (a) el Carnicero, en Cuba, durante la Guerra Hispano-Cubana (1895-1898), quien a su vez la aprendió durante su estadía en los Estados Unidos de los feroces generales Andrew Jackson y Ulises Simpson Grant, quienes la emplearon originalmente durante el avance hacía el Oeste contra las diversas comunidades aborígenes de Norteamérica.

Sobre este aspecto de política de guerra se sabe que en Cuba la vida rural fue alterada, y para los campesinos cubanos, en su vida cotidiana y productiva, con las concentraciones de Weyler:"Todo ello cambió cuando Weyler decidió que en vista de que era la gente del campo la que ayudaba más a la causa revolucionaria, deberían ser sacados del campo. De esta manera, suponía que podría conseguir varios factores militares de un golpe: 1) privar a los mambises de sus medios de subsistencia; 2) privarlos de la información, dada por los campesinos, de los movimientos de tropas españolas; 3) limitar la extensión de la propaganda revolucionaria a aquellos ya envueltos en la guerra; 4) evitar que los hombres mantenidos a la fuerza en los centros urbanos, se unieran a los rebeldes, y 5) desmoralizar a los soldados rebeldes, ya que muchos de ellos tendrían familiares dentro de los campos de concentración y serian influidos, para terminar con su situación mísera, a favorecer el fin de las hostilidades".[4]

Toda la población de Cuba fue concentrada en áreas urbanas, se prohibió el tráfico de alimentos ciudad-campo y el ganado se concentró en las proximidades urbanas o en las mismas ciudades. Weyler dispuso la destrucción de las casas de campo y de las cosechas, la suspensión de las labores agrícolas, creyendo que por este medio se debilitaría la rebelión en la Gran Antilla, y que obligaría a los insurrectos a capitular, a rendirse incondicionalmente; no comprendiendo que, lejos de perjudicar la revolución, la extraordinaria dureza de sus medidas generaban cada vez más enemigos entre los campesinos (guajiros) cubanos, e igualmente le podía crear a España, como de hecho le creó, serias dificultades diplomáticas con Estados Unidos, debido a sus intereses económicos en Cuba.

Esto creo una profunda crisis en la población campesina de toda Cuba. Todos los informes de publicistas, periodistas y viajeros coincidían en señalar que había una crisis insoportable para la población. El 26 de junio de 1897 el Ministro norteamericano en Madrid, Dupuy de Lome escribía al Secretario Sherman en los términos siguientes:Mediante sucesivas ordenes y proclamas del Capitán-General de la isla de Cuba, algunas de las cuales fueron promulgadas, mientras otras solo se conocen por sus efectos, una política de devastación e intervención en los derechos más elementales del hombre, ha sido establecida en ese territorio, con tendencia a perjudicar a los no combatientes, a destruir el valor de inversiones legitimas, y a extinguir los recursos naturales del país con la esperanza aparente de vencer a los insurrectos y restaurar el dominio de España en la Isla. Ningún incidente a afectado tan profundamente la sensibilidad del pueblo americano o ha impresionado tan dolorosamente su gobierno, como la proclama del general Weyler, ordenando el incendio y la destrucción de hogares, la devastación de los campos y el abandono de sus casas por la población rural, para sufrir privaciones y enfermedades en el hacinamiento de los pueblos.[5]

La guardia versus la guerrilla

En la República Dominicana durante la ocupación de Estados Unidos se sabe que a partir de 1917 la Guardia Nacional con el apoyo de los Marines capturó en 18 meses 270 personas y mató en El Seibo unos 80 guerrilleros, capturando otros 100. Las hostilidades con los guerrilleros alcanzaron tal magnitud que sólo el ingenio Consuelo de San Pedro de Macorís fue atacado durante 17 días cinco veces por unos 400 guerrilleros nacionalistas.

Ese mismo año, 1918, la Guardia Nacional tuvo 34 bajas, incluyendo en ese número 12 muertos. Desde 1917 a 1921 la Guardia Nacional Dominicana realizó 5,500 patrullas en las zonas guerrilleras y llegó a tener 188 contactos con fuerzas rebeldes, fueron muertos 320 de ellos, y 3 oficiales y 24 soldados corrieron la misma suerte.

Por esta situación de resistencia armada el Coronel J. C. BrecKinrige organizó una concentración por 48 horas que afectó las secciones de Las Cañadas y Juan Lorenza de San José de Los Llanos en agosto de 1918.

La guerrilla era un movimiento bastante heterogéneo y con fines y motivaciones bastante disimiles. Constituyó un movimiento social laboral campesino de tipo nacionalista de inspiración económico-reivindicativo. Sin lugar a dudas que los norteamericanos y los cipayos nacionales se vieron en la necesidad de enfrentar cuatreros o abigeos, a campesinos pobres proletarizados por las compañías azucareras y sus secuaces nacionales, y en rebeldía contra los centrales azucareros; otros estuvieron motivados por asuntos de religiosidad popular mezclados con nacionalismos -tal es el caso de Olivorio Mateo y sus seguidores en las inmediaciones feraces de la población de San Juan Bautista de La Maguana, en el Suroeste-, y otros tenían motivaciones esencialmente nacionalistas, como el guerrillero Muñiñingo Ubiera, quien para enfrentar a los norteamericanos y a la Guardia lo hacía envolviéndose en la bandera nacional, o el caso del maestro Fidel Ferrer, valiente educador y guerrillero nacionalista de profundas convicciones patrióticas, o Cayo Báez, o Vicente Evangelista (a) Vicentico, Ramón Natera, u otros.

Olivorio Mateo, inicio sus cultos en 1908 y desde 1917 fue perseguido por la Guardia Nacional Dominicana (G.N.D.); fue localizado a las 7:00 A. M. del día 27 de junio de 1922 por una patrulla por el teniente Luna y 12 enlistados; peleó valientemente con su hijo y dos de sus hombres, contando apenas con 26 años, hasta ser muerto por el norteamericano Gregon Williams (a) Media Pinta en 1922; los dedos primero y tercero de la mano derecha fueron desprendidos por un disparo y luego recibió 15 impactos antes de caer. Con él cayeron Eleuterio Mateo, su hijo, y los guerrilleros conocidos como La Maquina y Pomero. A los guerrilleros les fueron capturadas las siguientes armas: nueve revólveres, cuatro rifles carabinas, 200 tiros de municiones, y varias espadas y machetes. Su cuerpo se llevó a San Juan en una parihuela el 28 de junio de 1922, siendo enterrado en La Jagua.

El periodista norteamericano Horace Knowles criticó la muerte provocada (homicidio) de Vicente Evangelista (a) Vicentico, tras su apresamiento en El Seibo en un artículo publicado en The New York Times en 29 de diciembre de 1921. A Vicentico le aplicaron la ley de fuga después de su captura.

Las armas empleadas por los patriotas fueron: pocos fusiles, rifles de pedernal, revólveres, sables, lanzas, machetes, cuchillos, palos y piedras. Los Marines y la Guardia usaron contra ellos aviones y bombas, morteros, ametralladoras, fusiles, pistolas y revólveres.

Incluso, antes de ser disuelta la Guardia Nacional, fueron adquiridos 1,500 rifles Crag a un costo de US$ 7,75 por unidad. Ya para entonces la guerrilla había sido controlada.

El juicio contra el teniente Rafael Trujillo en 1920

Un juicio contra Trujillo por una Comisión Militar reunida en San Pedro de Macorís en 23 de enero de 1920, y presidida por el Teniente coronel James McE.Huey por los cargos de asalto con la intención de cometer rapto en perjuicio de la niña Isabel Guzmán de 14 años y nativa de San José de Los Llanos en San Pedro de Macorís, y por conducta escandalosa tendente a destruir las buenas costumbres.El sometimiento inicial de Trujillo lo realiza el Alcalde de San José de Los Llanos Georgilio Mella Frías (a) Guillo, sometiéndolo a la instancia del gobernador de San Pedro de Macorís, Rafael Sánchez González, quien retrasó el sometimiento por cierto tiempo. Trujillo fue sometido a la acción de la justicia militar por el Capitán Omar T. Pheiffer (U.S.Marine Corps.), previa investigación, quien llegó a calificar a Trujillo en sus memorias como "un ladrón", acusándolo de "estafar a los campesinos dominicanos".[6]

La causa contra el teniente Chapita se inició en 23 de enero de 1920 y se prolongó hasta el 4 de marzo de 1920, y llegaron a presentarse 15 testigos de descargo -incluyendo seis de la Guardia Nacional, entre los cuales se hallaban los señores: sargento Manuel de Jesús Checo, teniente Leovigildo Alcántara (a) Alcantarita, y el señor Miguel Ángel Paulino, quien integrado luego a la Policía Nacional Dominicana, y más tarde al ejército trujillista, llegó a ser el jefe de la banda terrorista conocida como "La 42", y quien durante la ocupación fue un reconocido espía al servicio del cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos, vinculado al boricua Mariano Rocafort y a Trujillo, y fue además, un reconocido proxeneta. Posteriormente fue vinculado al espionaje alemán, y se le llegó a considerar un agente de la inteligencia Nazi.

Los testigos a cargo fueron: el capitán O. T. Pfeiffer (U.S. Marine Corps), José Núñez, Rafael Durán, los hermanos Carlitos y Esteban Alduey, Gerónimo Valdez, José Caba Sánchez, Francisco Mercedes, Juana Guzmán e Isabel Guzmán, la agraviada.

Isabel Guzmán era hija natural de José Núñez. La niña y sus padres decidieron refugiarse en la casa de su hermana Fermina Guzmán , a su vez esposa del guerrillero Olivorio Carela, lugar en donde se hallaba la noche de su captura por la Guardia Nacional. Un día de julio de 1919 Trujillo penetró en la casa de Fermina Guzmán buscando a su esposo, el guerrillero mencionado. Captura y amarra al padre de Isabel, llevándose consigo a las mujeres: a Isabel, a su hermana Fermina, y a su madre, con otros detenidos fueron encerrados en la iglesia de la comunidad de San José de los Llanos; engañada por Trujillo la hizo subir al campanario del templo católico, estuprándola en la torre del mismo, sin respetar el sagrado recinto.En horas de la tarde del día de la violación la niña, los testigos de cargo la vieron descender las escaleras ensangrentada, y luego, durante la noche, entre la 8:00 ó 9:00 P.M., Trujillo la obligó a sostener relaciones con él en plena calle, obligándola luego a dormir a su lado en una choza de Los Llanos, bajo la amenaza de que sino lo satisfacía mataría a sus familiares detenidos. En sus declaraciones Isabel dijo: "me trató como a una perra", "me cogió como a una vaca", etc...Los jueces militares norteamericanos, amigos de Trujillo, lo descargaron, siendo realmente culpable.

El Teniente Trujillo en El Seibo extorsionando

Después del juicio Trujillo fue trasladado a la Oncena Compañía destacada en la ciudad de El Seibo, en donde una señora calificada como "una vieja", lo acusó de haberle robado $500 pesos tras acompañarle durante una noche. Sus días allí fueron aciagos, y consideraba que "este es el pueblo donde mas pendejadas se habla",[7] irritado por las justificadas criticas sociales a su conducta inmoral.Chapita, conjuntamente con Mariano Rocafort, puertorriqueño al servicio de la inteligencia de los ocupantes, había realizado varias prácticas de extorsión contra algunos campesinos, hacendados, e incluso intentaron extorsionar con amenazas de apresarlo al administrador del Ingenio Santa Fe don Emilio Malleta.

Se sabe que protegiendo juegos de azar ilícitos en las zonas cañeras cobraba altas sumas de dinero, hasta 350 dólares mensuales, lo cual le produjo ganancias ascendentes a más de US$ 18,000.00.Amistad profunda y amor filial: el techo de Watson para TrujilloAsignado Trujillo en Hato Mayor del Rey, desde agosto de 1920 se vinculó fuertemente al oficial de los Marine Corps Thomas Eugene Watson (a) Tommy, quien -según informa el mismo Trujillo a su amigo, Mariano Rocafort (a) Roca -un espía puertorriqueño- en una misiva redactada en septiembre de 1920, en donde entre otras cosas le decía que se había mudado "y estoy de oro", agregando: "La referencia ya me mudé y estoy de oro trata sobre la invitación de Watson a que viviera bajo su techo" (En: Vega: Trujillo y las fuerzas..., 1992. P. 12), es decir, el mayor Watson mudó a Trujillo, a quien MacLean le decía "el boca sin dientes", lo que se seguro en algo le beneficiaba, por lo menos provocaba la condolencia de su superior jerárquico.

Por estar Trujillo y Watson siempre juntos, persiguiendo gavilleros, algunas veces extorsionando infelices bodegueros, cobrando la protección de los jugadores ilícitos y clandestinos, y compartiendo un mismo techo, es decir, por hacer pareja, pudo el Mayor Watson observar a Trujillo muy de cerca, y dijo en uno de sus informes que era "calmado, fuerte, equilibrado, activo, intrépido y laborioso", y consideraba que Rafael tenía "iniciativa, inteligencia y buen juicio", por lo cual, después de esta ponderada y juiciosa observación agregaba el Superior sobre su amigo de techo que era "excelente", y, no conforme con darle una puntuación de 4.0 (la mayor posible), repetía en el texto de un informe sobre su subordinado, 14 veces -quizás con un significado simbólico aunque lejos de la fecha de San Valentín- que era excelente.

Estas y otras recomendaciones de sus superiores, principalmente del mayor Thomas Eugene Watson, le valieron a Trujillo para ser aceptado en la Academia militar de Haina donde recibió instrucción durante cuatro meses a partir del 15 de agosto de 1921, mes y año en que fue creada la Academia Militar, siendo sus directores los oficiales M. Rixey Jr. y Richard M. Cutts, este último amigo intimo de Thomas Eugene Watson. En 1921 la Guardía Nacional Dominicana tenía 64 oficiales, 13 médicos y 493 alistados.Trujillo se graduó en la primera promoción, y egresado con el rango de primer teniente instructor en 22 de diciembre de 1921, el coronel Rixey le informó que: "El Comandante del Departamento Norte desea especialmente su selección, toda vez que tiene plena confianza en su habilidad".[8]

El comandante que deseaba a Trujilllo era el mayor Watson, y Trujillo siguió asignado bajo su mando, y claro, siguieron compartiendo la misma casa y el mismo techo. Watson mudó de nuevo a Trujillo, recién graduado de la Academia, esta vez en Santiago, facilitándole un ascenso: capitán (13 de octubre de 1922), y su designación como jefe de la Sexta Compañía con asiento en la ciudad de San Francisco de Macorís.

Rafael L. Trujillo Molina logró hacerse disciplinado y sistemático, cumplía las ordenes de sus superiores al extremo y con crueldad; estas cualidades unidas a la amistad con Watson le permitieron obtener varios ascensos: fue capitán a partir del 13 de octubre de 1922, cargo que ostenta hasta 1923, siendo luego Capitán Inspector Comandante del Primer Distrito Militar en el Suroeste (Azua y Barahona); en marzo de 1924 desempeñaba estas funciones en el Departamento Norte con sede en Santiago, y cuando se produce la salida de los norteamericanos el 12 de julio de 1924 ya era Mayor comandante de la Policía Nacional (desde el 6 de marzo de 1924), y había estado destacado en el Norte (Santiago y San Francisco de Macorís), en el Suroeste (Barahona), y en el Sureste.

En apenas una década el ladronzuelo que ingresó a la Guardia Nacional lograría alzarse con el poder del Estado.Un poco antes de la desocupación de los Norteamericanos en 1924 -por medio de plan Hughes-Peynado-, en la Policía Nacional Dominicana los oficiales superiores de Trujillo eran los señores:
1. Coronel Buenaventura Cabral y Báez
2. Teniente coronel Jesús García
3. Mayor Manuel Aybar hijo
4. Mayor César Lora (murió trágicamente en febrero de 1924).
5. Capitán Rafael Trujillo, seguido por 16 capitanes.

El entrenamiento que recibió Rafael Trujillo en la Academia Militar de Haina le permitió convertirse, primero en oficial instructor, luego en oficial superior, y finalmente en jefe de la Policía Nacional tras la salida de los norteamericanos. Por medio de la Orden Ejecutiva Número 631 de fecha 2 de junio de 1921 la "Guardia Nacional Dominicana" fue designada con el nuevo nombre de "Policía Nacional Dominicana" (P. N. D.), con estas nuevas siglas, los Marines que hablaban castellano la denominaban con intención de burla y de discriminación racial: "Pobres Negritos Dominicanos".

Trujillo fue designado Jefe de este cuerpo del orden público, la Policía Nacional, por el gobierno del Presidente general Horacio Vásquez quien llegó al poder en julio de 1924 con el apoyo de Federico Velázquez Hernández, su compañero de boleta en la candidatura a la Vicepresidencia apoyados ambos por los partidos Nacional y Progresista.

Cuando Horacio Vásquez se juramentó Presidente Trujillo era Mayor comandante; siendo promovido a Teniente coronel, Jefe de Estado Mayor, el 6 de diciembre de 1924, ocupando a principios de 1925 la tercera posición en el escalafón de ese cuerpo:
1. Coronel comandante Buenaventura Cabral y Báez.
2. Teniente coronel Jesús García.
3. Teniente coronel Rafael Trujillo ascendido por Horacio Vásquez.

El ascenso de Trujillo a la jefatura de la Policía NacionalTras la desocupación, Trujillo ocupó la jefatura de la vieja Guardia Nacional, conocida como Policía Nacional Dominicana a partir de 1921, debido a los ascensos y a la designación en su favor que el fueron dados por el Presidente general don Horacio Vásquez, un mandatario literalmente "enamorado" del joven militar de 33 años, entre los cuales se verificaban verdaderas escenas de "ternura masculina".

Al encanto que producía Trujillo sobre Vásquez se unían las recomendaciones en su favor de los oficiales comandantes norteamericanos: Rixey, Richard M. Cutts, y BrecKinridge; y de sus amigos: Charles MacLaughlin, y Thomas Watson.

Incluso, se sabe que durante el periodo de formación del gobierno de Vicini Burgos, y posteriormente, tanto el coronel Richard M. Cutts como el mayor Thomas Watson favorecieron a Trujillo para que alcanzara la jefatura de la Policía Nacional Dominicana.

También Trujillo supo eliminar opositores en el escalafón: Primero, actuó contra el mayor César Lora, quien murió trágicamente en febrero de 1924, el homicida de Lora fue un teniente del mismo cuerpo que previamente recibió una carta anónima con información sobre una supuesta relación de Lora con su esposa; impulsado por los celos el teniente actuó, pero, ¿quién fue el autor de la carta? por lo visto el único interesado era Trujillo para lograr obtener su ascenso a Mayor, siendo nombrado luego Teniente coronel en diciembre de 1924; luego actuó contra el Capitán Ramón Saviñón, quien fue engañado por Rafael Trujillo haciéndole creer que había sido designado en la jefatura de la Policía, invitándole a celebrar el supuesto nombramiento, emborrachándolo terriblemente, y haciéndole pasearse luego, sumamente ebrio y fuera de control, por varios sitios céntricos de la capital, según explicaciones de Victor M. Medina Benet; finalmente le tocó afectar al coronel Buenaventura Cabral y Báez. Aprovechando sus dotes de falsificador, escribió una carta dirigida al Vicepresidente don Federico Velázquez Hernández, por medio de la cual el supuesto firmante, el coronel Cabral y Báez, le hacía una invitación para hacer una revolución contra Vásquez, y darle un golpe de estado que llevara a Velázquez a la presidencia de la República. Esto le costó a Cabral su cargo, siendo Trujillo designado en su lugar, como Coronel comandante de la Policía Nacional desde el 22 de junio de 1925, habiendo sido antes Jefe de Estado Mayor y Comandante auxiliar del cuerpo armado con el rango de Teniente Coronel desde el 6 de diciembre de 1924.

La Guardía Nacional Dominicana (G.N.D.) creada en 1917 fue denominada Policía Nacional Dominicana (PND) a partir de 1921, pero en 1924 se le denomina Policía Nacional (PN) hasta 1927, cuando se le cambia el nombre a Brigada Nacional (BN), y desde 1928 se renombra como Ejército Nacional (EN).

REFERENCIAS:

[1] Lasalle, 2000, P. 32.
[2] Ver: Vega Pagan, Ernesto: Historia de las Fuerzas Armadas. Ciudad Trujillo, Colección Trujillo No. 17, La Impresión Dominicana, , 1955, Tomo II, o, Vega, Bernardo (Editor): Trujillo ante una corte marcial por violación y extorsión en 1920, Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 1995.
[3] Vega, Bernardo: Trujillo y las fuerzas armadas norteamericanas, Santo Domingo, Fundación Cultural Dominicana, 1992, P. 3.
[4] Foner, Philip S.: La guerra hispano-cubano-americana y el nacimiento del imperialismo norteamericano, 2 tomos, Madrid, Akal Editor, 1975, I, PP. 156-157.
[5] Juan B. Soto: Causas y consecuencias, antecedentes diplomáticos de la Guerra Hispanoamericana, PP. 11-13.
[6] Vega, Bernardo: Trujillo ante una corte marcial por violación y extorsión en 1920, Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 1995, P. 23, quien se fundamenta en la obra de: Pheiffer, Mayor General Omar T.: Historia oral (manuscritos), 1974. History and Museuns Division. US Marine Corps, Washinton, D.C.
[7] Carta de Rafael Trujillo, El Seibo, 4 de marzo de 1921 a Mariano Rocafort, en: Vega: Trujillo y las fuerzas armadas norteamericanas, P. 39.
[8] B Vega: Trujillo y las fuerzas armadas norteamericanas, 1992, P. 20).

domingo, 4 de diciembre de 2011

TRATADO DE HUGHES-PEINADO

Éste fue el acuerdo que puso fin al gobierno militar norteamericano en territorio dominicano; de acuerdo con este plan, se devolvería la soberanía nacional al país. Mediante este plan o acuerdo, se daba fin a la Intervención Norteamericana de 1916-1924, además se volvería a tener un nuevo Presidente Constitucional Dominicano.


             Antecedentes históricos del Plan Hughes-Peynado

 

Cuando en los Estados Unidos se realizaba o se daba el proceso de campaña electoral de 1920, el aspirante a la presidencia del país norteamericano, Warren G. Harding, atacó la política de intervención militar en los países del Caribe del entonces presidente, Woodrow Wilson; Harding comunicó, en caso de salir victorioso, que retiraría las tropas de los países intervenidos por los norteamericanos, ya que, estaban violando los derechos latinoamericanos.
Harding resultó vencedor en las elecciones norteamericanas de noviembre de 1920, y ya en el país se respiraba una atmósfera favorable para terminar la intervención en el país, la cual fue apoyada por los países del mundo, los cuales exigían una pronta desocupación del territorio nacional dominicano.
EL 24 de diciembre de 1920 el Presidente Wilson ordenó a Thomas Snowden que integrara una comisión para realizar las reformas constitucionales y legales necesarias para dicho propósito, ordenando al Gobierno Militar flexibilizar las medidas que restringían la libertad de prensa y expresión, así como la libertad de reunión; con estas medidas se les permitían a los dominicanos agruparse o reunirse para formar movimientos de prodesocupación.
La agrupación patriótica Unión Nacional Dominicana, creada en marzo de 1920 y precedida por el notable intelectual Emiliano Tejera, arreció su campaña en favor de la evacuación pura y simple, pero, como se supondría, los norteamericanos no aceptaron, ya que éstos pretendían que los dominicanos aceptaran como buenos y válidos los actos del Gobierno Militar, que había promulgago una serie de leyes y realizaron un número de transacciones que envolvían derechos de terceros que querían proteger.
Cuando Harding toma posesión de la presidencia, designa como Gobernador Militar a Samuel S. Robinson, encargado de facilitar la desocupación militar de territorio dominicano. A su llegada al país en 1921, éste hizo una proclama preparada en Washington, en la cual se anunciaba un plan de desocupación que, a su vez, envolvía la preparación de una elecciones generales, supervisadas y dirigidas por el Gobernador Militar, para entonces proclamar, ya una vez elegido, el Presidente de la República como principal cabeza de un nuevo Gobierno Constitucional Dominicano. También, según esta proclama, el nuevo gobierno dominicano, mantendría a los oficiales norteamericanos a cargo de la Policía Nacional. Esta proclama fue conocida como el Plan Harding, pero ante ésta el pueblo no aceptó, ya que prácticamente no se hacían valer del todo sus derechos constitucionales como dominicanos, por lo que hubo que diseñar un nuevo plan.
Ante esta situación el Secretario de Estado norteamericano, Charles Evans Hughes, se vio precisado a buscar una nueva fórmula para buscar de alguna manera la desocupación norteamericana del territorio dominicano. La oportunidad se presentó, cuando el abogado Francisco J. Peynado (Pancho), en representación de los príncipales partidos del país, viajó a Washington en mayo de 1922 para negociar nuevamente lo establecido en la proclama del Plan Harding; después de varias reuniones, llegaron a un acuerdo fundamental, que esta vez sí cumplía con los requisitos del pueblo dominicano, y el 30 de junio de 1922 quedó concertado, pero no fue hasta el 23 de septiembre de ese mismo año, cuando se firma de una vez el denominado Plan Hughes-Peynado, que fue firmado también por Horacio Vásquez, Federico Velásquez y Elías Brache, acompañado también por Francisco J. Peynado y Monseñor Adolfo Nouel, en representación de la Iglesia Católica, mientras que por el gobierno norteamericano firmaron el entonces Secretario de Estado Charles Evans Hughes y el diplomático Sumner Welles.

 

Combate de la Barranquita



La Batalla de la Barranquita representa para todos los dominicanos un monumento de dignidad, una exaltación al patriotismo un ejemplo al heroísmo…Es así, porque aquello fue la lucha de David contra Goliat. La Barranquita simboliza la resistencia del pueblo y el ejército dominicano a la violación de nuestra soberanía como nación por parte de un ejército extranjero.

Antecedentes de la Batalla

Como podemos recordar en el 1916 nuestro país vivió un gran vació de autoridad. Las discusiones e incomprensiones entre los principales líderes de la época eran cada vez mas profundas. En medio de esa triste situación, el poderoso coloso del Norte, los Estados Unidos de América, acechaba la oportunidad para imponer sus designios basados en una política de expansionismo y de control de naciones, principalmente del Caribe.
Con la renuncia del presidente Juan Isidro Jiménez, producto entre otros factores de la disputa entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo, el 15 de Mayo del 1916 desembarcaron las primeras Tropas norteamericanas en las proximidades de la ciudad de Santo Domingo bajo las órdenes del Contralmirante William Caperton. Pocos días después lo hacían en San Pedro de Macorís, y el primero de junio desembarcaron por Puerto Plata y Montecristi. Desde estas dos ciudades del norte las fuerzas invasoras se dirigieron a ocupar la ciudad de Santiago, para así controlar los principales puntos de la República Dominicana.

El heroísmo en su máxima expresión

La batalla se dio. La bravura increíble de estos hombres que hoy recordamos detuvo por un tiempo prolongado a este gran ejército, y en un momento hasta lo hizo retroceder. Para que entendamos la extraordinaria acción y el gran valor de estos patriotas, transcribo lo que sobre la batalla de La Barranquita dice el señor Stephen Fuller, capitán de las fuerzas invasoras, quien estuvo presente en el acontecimiento histórico que hoy recordamos y observó de frente combatiendo a los nuestros. El Capitán Fuller escribió junto al señor Graham Cosmas, el libro “Los Marines en la República Dominicana 1916- 1924”, obra revisada y aprobada por el Museo de Historia de los Estados Unidos. Sobre la batalla de la Barranquita nos dice la siguiente:
“El 3 de Julio, en Guayacanes, los insurgentes hicieron su segunda resistencia importante contra las fuerzas del Coronel Pendentlon. En ésta, el combate decisivo del avance hacia Santiago, los americanos enfrentaron a un enemigo atrincherado, y una aproximación al través de unos arbustos muy espesos. Esta vez la artillería no fue capaz de encontrar la posición desde la cual observar y disparar al enemigo, no pudo soportar el ataque, y la infantería y los que operaban las ametralladoras tuvieron que llevar la carga principalmente del combate. Los ametralladores desplegaron una actividad en que se lucieron en una forma muy particular. Arrastraron sus armas marca Colt y Benet – Merciersal a través de las malezas unas 200 yardas de a línea opuesta (las trincheras enemigas) y les dispararon estallando el fuego concentrado en un esfuerzo por silenciar los rifles de los enemigos. El cabo Joseph Glowin arregló y se colocó su fusil detrás de una leña que estaba en el suelo, y empezó a disparar hasta que fue herido dos veces, cuando otros infantes de marina, con mucho esfuerzo le arrastraron hasta la guardia para curar sus heridas, y otro infante de marina cuya escopeta se había atascado, le sustituyó. El primer Sargento Roswell Williams, luchando con una pistola Colt que tenia tendencia a atascarse, desde una posición en la que estaba expuesto al peligro, se levantó bajo el fuego, para tratar de quitar el obstáculo de la pistola y mantuvo su arma en acción. Por esta hazaña llegó a ser el primer hombre en el Cuarto Regimiento en obtener la medalla de honor”.
Continúa diciendo el capitán del ejercito invasor que enfrentó a los 80 patriotas de la Barranquita que, “mientras la infantería de la marina y la ametralladoras presionaban el ataque en el frente de la Sexta Compañía, bajo el mando del Capitán Julian Smith, un futuro Teniente General, atacó y disparó a las fuerzas rebeldes que se habían deslizado por el flanco de la columna para atacar el sector de las provisiones. Finalmente, el enemigo se dispersó y escapó dejando a los infantes de marina que ya habían tenido un muerto y 10 heridos, en posesión de las trincheras, probándose así la superioridad de la puntería de los fusiles de los infantes de Marina y del tiroteo de las ametralladoras. Los rebeldes perdieron por lo menos 27 muertos y dejaron 5 prisioneros en las manos de Infantería de la Marina”, termina diciendo el señor Fuller.
Sobre la batalla de La Barranquita hay muchos pasajes que merecen destacarse pero que por falta de tiempo y espacio no hacemos en estos momentos. Sin embargo, es importante resaltar algunos de esos pasajes memorables: ¿Cuánto no se podrá decir del heroísmo del anciano doblemente HEROE, pues también combatió en las luchas de las Restauración de la Republica, Francisco (Pancho) Peña que con fusil en manos se unió a ¨los muchachos¨ en la Barranquita dejando allí su existencia. ¿Y del gigante Demetrio Frías a quien el Sindico de Mao le entregó la Bandera Nacional con la encomienda de volverla a traer y cuando la dejó por olvido en el campo de batalla ya abandonado por nuestros patriotas, y ocupado por las fuerzas invasoras, se devolvió a buscarla penetrando el área ya controlada por el enemigo hasta rescatarla y hacerla llegar desde donde salió con ella. ¿Y del poeta de la época Juan de Jesús Reyes que con versos incomparables describió la hetacombe y a nuestros héroes dejándolos inmortalizados? ¿Y del uso de las abejas en la estrategia militar concebida por el Comandante de los patriotas, el General Carlos Daniel? ¿Y de la familia Gutiérrez de Guayacanes que aportó cinco de sus miembros, muriendo la mayoría de ellos en la lucha? ¿Y del Sacerdote de Mao en la época Reverendo Eliseo Echevarria quien desde el púlpito estimuló al pueblo joven a la defensa de la Patria pisoteada? ¿Y del médico que vino desde Santiago, el doctor Geraldo Ellis Cambiaso, para curar y cuidar de los heridos hasta sanarlos?
Solo el valor y el patriotismo elevados a su máxima expresión, podían darles a estos 80 prohombres la fuerza suficiente para enfrentar y resistir con fortaleza a ese ejército de más de 800 soldados entrenados y fuertemente armados. Los gladiadores de La Barranquita del 1916 demostraron ser unos gigantes dentro de las luchas patrias del pueblo dominicano, y de que en ellos estuvieron sembrados los principios sacrosantos sembrados por el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte. Por esto es que afirmamos ante todo el país y el mundo que La Barranquita es un monumento a la dignidad y al patriotismo del pueblo y del ejército dominicano.

Los Gavilleros



El gavillerismo, modalidad dominicana del bandidaje político rural, como es sabido, constituyó un fenómeno de amplia extensión durante el primer cuarto del siglo XX que tuvo sus manifestaciones más acusadas en la región Este. Sobre todo, durante los primeros seis años de la ocupación militar norteamericana iniciada en 1916 miles de personas formaron parte en las cuadrillas insurrectas que se hicieron omnipresentes en las campiñas orientales. En el mismo período se produjo la expansión acelerada de la industria azucarera, que llegó a un primer techo en su producción hacia 1930, esto es, a escasos años de que se conjurara el gavillerismo. Tras una fase centrada en los alrededores de Santo Domingo, desde la última década del siglo XIX el epicentro de la expansión azucarera se trasladó al Este, específicamente San Pedro de Macorís. El acelerado incremento de la producción de azúcar se acompañó de la formación de latifundios en manos de las compañías extranjeras. A diferencia de otros países, el campesinado preexistente no pudo insertarse en la producción de caña. Por lo tanto, se estableció una temprana relación entre el auge del azúcar y la desposesión generalizada del campesinado oriental.

La coincidencia espacial y temporal entre la formación del latifundio azucarero y la acción de las partidas de insurrectos que recibieron el calificativo de gavilleros sugiere, casi como cuestión de sentido común, la determinación de la posible relación entre ambos procesos. Y, ciertamente, en contraste con visiones extendidas que no aceptan ningún determinante social en el gavillerismo, puede aseverarse la existencia de planos de determinación de las condiciones creadas en la región oriental  por la “revolución azucarera”. En conclusión preliminar, pues, resulta pertinente suponer la incidencia de las relaciones de producción sobre esta modalidad de movilización social. Desde luego, la determinación de las consecuencias del azúcar no puede ser entendida en una forma exhaustiva y ni siquiera prioritaria; y la prueba de ello se encuentra en que, como lo ha puesto de relieve María Filomena González, el gavillerismo cubrió otras porciones significativas de la geografía dominicana. Pero no debió ser por casualidad que alcanzó únicamente manifestaciones masivas en el Este.

Cuando se va al terreno de los hechos, sin embargo, los primeros vistazos que permiten las fuentes no convalidan tales relaciones entre sector azucarero y gavillerismo. Los sujetos ilustrados de la época, imbuidos de posiciones antiimperialistas, así visualizaron el fenómeno, como se observa en el comunicado emitido a ese respecto por el Congreso Regional Nacionalista del Este, celebrado en El Seybo en 1921.
Todavía son más contundentes las visiones de quienes tuvieron de alguna manera vinculaciones vivenciales directas con el gavillerismo. Casi todos los sobrevivientes localizados a la fecha de hoy eran niños o adolescentes en el momento de esos hechos, tomando en cuenta que en mayo de 1922 se consumó la rendición de los insurrectos. Pero muchos de ellos tienen criterios suficientes para interpretar el problema aludido.

Lo más importante estriba en que esos entrevistados arrojan luz acerca de la forma en que se subjetivaban en la época las relaciones sociales vigentes, las transformaciones que aparejaba la actividad azucarera y las posibles causas del gavillerismo. No se trata de que el juicio de los actores se acoja como explicación final, pero su valor no puede minimizarse, ya que, finalmente, involucra los sentidos de las prácticas sociales, aspecto central de toda dilucidación historiográfica.

Como premisa, debe señalarse que la acción insurreccional en el Este precedió a la culminación de la expansión latifundista. Esta se llevó a cabo desde las zonas costeras hacia el norte. Y no cabe duda que el gavillerismo no surgió en las zonas costeras, sino en otras donde todavía entonces se mantenía una pequeña agricultura y no habían acaecido todos los efectos de la industria azucarera. Si se quiere localizar un foco del gavillerismo, debe apuntarse a los alrededores de Hato Mayor y extenderlo a lo largo de la franja más poblada de la región oriental, que iba desde esa población hasta Higüey, pasando por el Seybo y un rosario de caseríos.

En esa porción, al igual que en casi toda la región oriental, la gran mayoría del territorio estaba cubierto de bosques y el habitat se caracterizaba por la dispersión de viviendas entre bosques y praderas. Definitivamente no habían todavía hecho aparición los típicos problemas agrarios derivados de la concentración de tierras en una clase terrateniente. Como se desprende de los cuadros que pinta, por ejemplo, Ruperto Marte, entonces residente en los que hoy se conoce como “Cruce de Pavón”, los campesinos del Este llevaban a cabo una vida aislada, en la autarquía  económica, retirados en los posible de los componentes de la vida urbana y el poder estatal.

Como abundaba la tierra, carecía de valoración colectiva. La generalidad de los campesinos parecen haber tenido simplemente una ocupación precaria o no contaban con documentos que avalaran sus derechos, aunque era frecuente que transacciones que reconocían situaciones de hecho se encontraban en los archivos municipales y notariales. Gran parte de su actividad se derivaba del predominio de los bosques, como es el caso de la crianza libre, tanto de ganado vacuno como porcino, o de cortes de maderas y la recolección de miel y cera.

En principio puede sostenerse que las relaciones con los agentes mercantiles de las ciudades eran fundamentalmente cordiales. A pesar de que los productores tenían conciencia de que se les engañaba en el peso de sus géneros, entendían el proceso como parte consustancial de su ubicación social. Y esto no conllevaba conflictos agudos debido a lo exigua que resultaba la inserción en el mercado. En el Cibao, en contraste, la potencia de la agricultura comercial tabaquera se acompañó, desde el siglo pasado, de conflictos que llamaban la atención de los intelectuales. En el Este no se habían disuelto planos de cercanía de las clases que formaban parte de estilos de la vida tradicional. Era común, en virtud de ello, que un campesino tuviera relaciones de compadrazgo con un miembro de la familia Goico, la más prestigiosa de El Seybo.

Cuando el cacao se llevaba a La Romana, el comerciante Gabriel Beltrán bien podía ofrecer alojamiento al productor, que veía en el gesto una señal de amistad. A lo sumo,  el producto mercantil de cierto peso en la región oriental era el cacao, que se cultivaba en cercados de empalizadas, a fin de protegerlo del ganado errante. En lo fundamental los víveres y el ganado se destinaban al autoconsumo. Como lo indica vívidamente Dominga Rosario, de 87 años,  residente en Gato, entonces “no había dinero, pero la comida no faltaba”, lo que era la norma en el país. La abundancia de los alimentos y la pequeñez de las ciudades les quitaba a los primeros valoración monetaria: cuando los jornales eran de por lo menos 60 ctvs., la libra de carne en el campo se cotizaba a 4 ctvs. o, al decir de la misma señora Rosario, por (…) vender su tierra cuando recibieron ofertas de los comerciantes al servicio de las compañías azucareras. Encontraban que 25 ctvs. tarea, como pagó el Central Romana en ciertos momentos,  era un precio equitativo y atractivo. A posteriori, se juzga esta disposición a la venta como producto de la ignorancia. Muchos de ellos marcharon después a las ciudades cercanas a relacionarse a la actividad asalariada o a montar pequeños negocios. Los testigos, en general, no recuerdan personas que se negaran a vender y que recibieran la presión enervante de comerciantes o terratenientes.

Juan Germán Arias, buen conocedor de la región y mi orientador en la última excursión por el Este profundo, preguntaba, intrigado,  el porqué el paraje Benerito había quedado en manos de dominicanos, cuando está rodeado por predios del Central Romana; se determinó mediante conversación con Teófilo Santana Rijo que se debió a que los antiguos propietarios, su padre y otros tres hermanos Rijo, no aceptaron las ofertas de la compañía. Un parecido oasis campesino, rodeado de la sobrecogedora soledad de potreros y colonias, se observa en los alrededores de Gato. Como nos los explicó Prebisterio Caridad, en esta otra aldea se reconoció una especie de ejido,  considerado todavía hoy de propiedad estatal, por lo que los ocupantes de pequeños predios siguen careciendo de títulos. En la medida en que no había valoración social de la tierra, muchos de los que vendieron no se sintieron despojados y asumieron como natural una transacción que les sería profundamente desventajosa. 

La resistencia a la ocupación de las tierras por el Central Romana en lugares como Campíña y Chavón Abajo, amén de haber sido bastante débil, como era lógico en un contingente demográfico caracterizado por la dispersión, no dejo de ser aislada ya que no se registra en otros lugares. Por lo demás, los campesinos no concedían especial atención a los variados procedimientos fraudulentos con que se acompañó la formación del latifundio cañero, corolario del hecho de no haber   asimilado el criterio moderno acerca de la propiedad privada sobre el suelo. En muchos casos los vendedores permanecían en las cercanías como trabajadores asalariados y, a escondidas, desbrozaban pequeñas porciones de los bosques que se mantenían en reserva. El Central Romana enfrentaba esta práctica destruyendo las empalizadas y cultivos, y los ocupantes volvían a reiterar su intento, con lo que se obstinaban en sus prácticas ancestrales, al parecer reacios a aceptar que se había impuesto un criterio incomprensible de propiedad del suelo. Lo interesante es que los testimonios coinciden en que esta modalidad de virtual expropiación agraria no tuvo vinculación directa con el gavillerismo. Nadie, por lo visto, tomó las armas en protesta de la pérdida de la tierra. Y, sin embargo, resultó crucial la conexión del gavillerismo con el mundo del azúcar, hipótesis que no remite a la consideración de una causación esencial en el ámbito económico. Debe quedar claro, para prevenir equívocos, que, primordialmente, el gavillerismo se estructuró como un fenómeno político, expresivo de la reticencia de sectores de la población agraria a aceptar el proceso de centralización estatal que venía avanzando desde fines del siglo XIX y que culminó con la ocupación militar del imperialismo.
Si se reconoce en el gavillerismo una acción de clase, es solo en el sentido de haber sido protagonizada,  casi exclusivamente, por campesinos. Pero no tenía por contenido las típicas reivindicaciones por la tierra. Formuladas las anteriores precauciones, a nivel esquemático se pueden enumerar varios factores causales del bandidaje en el referido ámbito económico de la expansión del latifundio: La circulación de riquezas en las transacciones de mercado facilitaba la amplitud del bandidaje, puesto que los grupos alzados podían sostenerse a través de asaltos a establecimientos comerciales o de la extorsión a terratenientes. Los caudillos que encabezaban las partidas insurrectas tenían la posibilidad de reclutar con más facilidad adeptos,  en razón del surgimiento de una población flotante, desarraigada de su entorno consuetudinario. Había todo un mundo que experimentaba convulsión, donde se desplomaban usos y valores tradicionales, facilitando mediaciones para respuestas conflictuales inéditas. Como parte de lo anterior, en la masa había mayores tendencias a la acción bélica, al resultar esta una fórmula de escape a las compulsiones de la disciplina laboral propia de la actividad capitalista.